26 octubre 2013

La última reforma del sector eléctrico amenaza a los cultivos de regadío


La reciente reforma del sector eléctrico ha disparado las alarmas en muchos colectivos en los que el uso de la energía es intensivo, uno de los más afectados es el de los regantes. Recogemos a continuación una noticia recientemente publicada por el Heraldo de Aragón:

“Nadie se salva de los quebraderos de cabeza que está provocando la reforma energética y con ella las constantes subidas de la factura eléctrica. Y mucho menos los agricultores de regadío, un sistema que ocupa en Aragón 463.721 hectáreas, el 27,78% de los más de 1,8 millones de euros que suma la totalidad de la superficie cultivada en la comunidad.

Para su riego, más concretamente para poner en funcionamiento las bombas con las que se eleva el agua, el consumo estimado por las comunidades de regantes de Aragón –existen 1.021 aunque 360 abarcan el 71% de la superficie de regadío– es de más de 200 millones de Kwh, una cifra que representa el 2% del consumo total de Aragón. Unos datos, facilitados por Agrartis, consultora especializada en el sector agrario, que demuestran el impacto que supone en la actividad agraria cualquier variación al alza de las tarifas eléctricas.

Solo desde el mes de agosto, última fecha en la que el Gobierno aplicó una nueva subida del precio de la luz para hacer frente al llamado déficit de tarifa, los agricultores aragoneses han visto cómo sus costes energéticos se elevaban en hasta un 35%, si bien el porcentaje varía notablemetne en función del mix de consumo que tenga cada explotación o incluso de la necesidad o no de tener que elevar agua en hora valle (más barata).

Con estos precios, advierten los regantes y las organizaciones agrarias, la factura eléctrica va a suponer el 41% de los gastos generales de las comunidades de riego, unos costos que el sector califica de "inasumibles" que ponen en riesgo la continuidad de numerosas explotaciones.

Tras un análisis detallado de la reforma, la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore) concluye que la reforma energética provocará que las tarifas por las que se rige el regadío sufran un incremento del término potencia del 115%. Asegura además que aunque el precio que grava el consumo se reducirá un 65%, este descenso apenas beneficiará a los regantes ya que su impacto en la factura solo se apreciará "sensiblemente" en los meses de más intensivos de riego (julio y agosto) y, por lo tanto, de mayor consumo energético.

El 'problema' no es que las facturas de luz que pagan los agricultores se hayan incrementado en el últimos meses. Lo peor es que estos encarecimientos no han dejado de restar competitividad a las explotaciones desde 2008. El 1 de julio de ese año se daba carpetazo a la llamada tarifa especial para la agricultura, un precio especial del que disfrutaba el riego en respuesta a una política de mejora de eficiencia en el uso agrícola del agua. Desde entonces, "las facturas asustan", dicen los agricultores, mientras los regantes cifran en un 450% el aumento de la tarifa eléctrica en cuatro años.

Impacto de los costes

El impacto de los costes energéticos en la factura de los agricultores no solo se explica por las constantes subidas del precio de la luz. Influyen también las peculiaridades de los contratos que se ven obligados a firmar con las comercializadoras y que se caracterizan por incluir una alta potencia contratada y un consumo muy desigual que varía notablemente según la época del año.

Dicho de otra manera, el agricultor necesita una alta potencia para realizar el riego durante la campaña de verano, pero no así durante el resto del año, en el que sin embargo se ve abocado a pagar por este término (que es el que más se ha encarecido) a pesar de no hacer uso de él. Podría darse de baja en el servicio o cambiar de peajes durante los meses de menor consumo y volver a darse de alta cuando es necesaria mayor potencia, pero esta alternativa supone un incremento de los gastos mucho mayor.

Es cierto, y así lo reconocen los representantes de las organizaciones agrarias y de las comunidades de regantes, que en los últimos años los precios de las producciones han permitido compensar estas subidas. "Hemos pasado unos tres o cuatro años en los que los precios de los cereales han estado generosos, han sido buenos y han ido absorbiendo las subidas de los costes de la electricidad", señala José Luis Pérez, presidente de la comunidad de regantes del Canal de Aragón y Cataluña. Pero las cotizaciones de estos cultivos están dando este año "signos de debilidad", señala Pérez, que advierte que si los precios de las cosechas vuelven a situarse en los niveles de hace unos cuatro años, por debajo de los 200 euros por tonelada, "muchas de las explotaciones agrícolas que han modernizado y que dependen de los consumos energéticos tendrán serios problemas de rentabilidad".

Un argumento que también comparte Riegos del Alto Aragón. "En caso de que los precios de los productos volvieran a niveles de antes de la subida de los cereales y los forrajes, el coste energético se llevaría por delante algunos cultivos que no se podrían rentabilizar", aseguran desde esta comunidad que preside César Trillo. Desde Bardenas, su máximo responsable José María Vinué, insiste en que los regantes han realizado millonarias inversiones para modernizar los regadíos, pero advierte que la escalada de precios de los costes energéticos pueden acabar con la modernización del regadío e incluso con algunos cultivos extensivos.

Hay alternativas
Ante esta situación, los regantes y sus representantes no se han quedado cruzados de brazos. Sus propuestas son variadas y numerosas. La más sencilla y que han planteado reiteradamente es la posibilidad de suscribrir dos contratos con las eléctricas: uno anual con una mínima potencia contratada para el suministro básico de los servicios de mantenimiento y pequeños usos, y un segundo, de temporada, para los meses de consumo intensivo. Otra de sus alternativas es que las comunidades de regantes paguen únicamente por la potencia real registrada y no por la teórica contratada con el fin de evitar así el gasto de un servicio que no utilizan fuera de temporada.

Existen otras medidas más drásticas, como la que tiene por objetivo intentar evitar el consumo de energía en la mayor medida posible. Es la que están poniendo en práctica los regadíos del Canal de Aragón y Cataluña donde se están instalando tuberías laterales y directas para suministrar agua a persión natural a toda la zona regable, liberando así a los agricultores del consumo energético. "En estos momentos está ejecutado un 20% del proyecto y esperamos que el resto sea una realidad tan pronto como se vuelva a disponer de fondos por parte del Ministerio", asegura José Luis Pérez.


La última medida ha llegado desde la Confederación Hidrográfica del Ebro, que ha puesto en marcha el proceso administrativo necesario para exigir a las compañías eléctricas la venta a precio de coste del 25% de la energía producida en una veintena de saltos hidroeléctricos. Esta reclamación, hasta ahora nunca ejercida, beneficiaría a los regantes que dispondrían de electricidad a muy bajo precio. El sector aplaude la medida pero se muestra cauto al valorarla porque asegura que son muchos los matices que todavía le quedan por conocer".

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