13 noviembre 2008

Especial deflación…y cómo combatirla

Un nuevo artículo dinámico, esta vez pensado para prepararnos ante el más que previsible riesgo de la entrada en deflación. Es muy importante conocer este fenómeno, y por lo que estamos estos días viendo en la prensa ni siquiera los expertos de márketing de las grandes compañías de este país saben muy bien lo que está ocurriendo. Ya hemos hablado de este concepto hace días (Ver Como se pasa de la inflación a la deflación)

Ya que se trata de un artículo dinámico, de esos pensados para irlos escribiendo con lo que va a ocurrir en el futuro, tampoco le daremos una estructura fija, sólo la noticia y los últimos datos serán relevantes.

¿Qué está pasando estos días?

Llevamos ya una semana en la que una de las nuevas estrategias para combatir la crisis es la bajada de los precios, y esto es importante, pero cuidado con lo que hacemos. A la deflación se le llama a veces "Infierno de Dante". Abandona toda esperanza una vez des el paso hacia la deflación.

Ayer mismo se anunciaban ya las mejores rebajas de enero conocidas en décadas, una estrategia de marketing que de entrada se ha cargado la campaña navideña. El otro día, fue el presidente de Mercadona quien defendía la necesidad de bajar los precios en todos los productos. El petróleo está próximo a los 50 dólares, y la práctica totalidad de las materias primas se están desplomando en los mercados internacionales. Como si los equipos electrónicos de todos los indicadores del mundo estuviesen atravesando un intenso campo magnético, todas las gráficas tienen puntos de inflexión estos días. La industria, donde se producen todo lo que luego llega al consumidor está sometida a intensos vaivenes (ver Importantes efectos de la crisis financiera en la industria).

La verdad es que sería interesante estudiar un poco en detalle cómo se calcula el P.I.B. en España, porque aquí hay cosas que no cuadran. No cuadra que muchos países con menos problemas que España estén ya en recesión, y sin embargo en España aún no hemos entrado. Tampoco es muy lógica ese cierto alivio que se respira en muchos debates y artículos de los medios de comunicación cuando se habla del alivio que nos están dando los precios. Señores, lo que está pasando no es normal, cualquiera se da cuenta de ello.

Respecto a la prensa anglosajona, parece que ya tienen más asumido que entramos en deflación. De hecho, el propio gobernador del Bank of England, ha dicho que muy probablemente los precios minoristas se vuelvan negativos el próximo año. En España no queremos mencionar personas concretas, porque aquí no se salva nadie, pero por favor, Sr. Solbes, si el petróleo se desploma como lo está haciendo, aquí no estamos entrando en un escenario de moderación de los precios, como usted dice, estamos entrando en deflación, es más que evidente. El terrible desplome del petróleo, materias primas e incluso alimentos, ha hecho estallar otras burbujas de menor dimensión, pero han estallado claramente. Ya hemos hablado en otras ocasiones de las grandes inversiones que venían realizándose en el sector de los hidrocarburos, la extracción de minerales y la transformación de alimentos. Es evidente que una caída en los precios como la que se ha producido, va a provocar el desplome cuando no el hundimiento de todos los sectores que se encuentran ligados a estas actividades. Pongamos un ejemplo, con datos ficticios. Si extraer petróleo del este de Ecuador se consigue repercutiendo, pongamos 60 dólares por cada barril en concepto de amortizaciones, esto será un gran negocio con el petróleo a 146 dólares, pero con el petróleo a 50 es la ruina más absoluta. Y el problema es que miles de actividades dirigidas a la transformación se han planificado con unas previsiones que ahora se han hundido.

Volviendo al Reino Unido, las gráficas apuntan a que nos dirigimos a una inflación cero con unos tipos de interés del 3 %, una situación que muchos considerarían ya como un acertado control de la situación. Pero una asombrosa situación puede tener lugar si los precios siguen cayendo, y pueden hacerlo aunque sigan bajando los tipos. El Monetary Policy Committe ya ha dado signos de que recortará los tipos en diciembre, quizás a un histórico 2 %, un nivel no conocido desde la Gran Depresión. La situación es tan asombrosa, que si bien la estrategia de bajar tipos se utiliza como el medio más eficaz para combatir la recesión, la actual coyuntura hace que se esté utilizando la bajada de tipos cuando nos dirigimos hacia la deflación.

¿Qué problema hay si entramos en recesión?

Bueno, muchos se habrán planteado esto. Si las cosas bajan de precio, pues estupenda notica, mucho mejor aún. ¿Qué problema hay? Pues el problema es muy gordo: En un escenario de deflación lo que realmente ocurre es que aumenta el peso de la deuda, porque disminuyen los ingresos, lo cual es sin duda alguna la peor noticia que puede ocurrir en medio de la situación de sobreendeudamiento al que nos encontramos. ¿Por qué disminuyen los ingresos? Si la deflación se intensifica, como siempre ocurre, los gobiernos y empresas se ven obligados a tomar medidas drásticas dirigidas a aumentar la competitividad bajando precios, y ello conlleva siempre bajada de salarios. Los ingresos caen, y las deudas aún tardaremos treinta años en pagarlas. La historia nos ha enseñado esto en muchas ocasiones, pero quizás el caso más emblemático es el que tuvo lugar en Estados Unidos durante los años 30. La gran burbuja de crédito de los años 20 provocó que los granjeros se enfrentasen al pago de las deudas cuando el precio de los cultivos estaba bajando, lo que produjo ejecuciones hipotecarias en masa. La gran novela "Grape of Wrath" (traducida por las uvas de la ira), y publicada en 1939 por John Steinbeck explicó este drama magistralmente.

Pero no olvidemos que las deudas de los granjeros norteamericanos eran como podría esperarse pequeñas, mientras que la burbuja del crédito de los últimos años ha impulsado niveles de deudas sin precedentes en países como España, Estados Unidos, Gran Bretaña, y muchos más. En Reino Unido, donde el endeudamiento no es tan grande como el de España, la deuda hoy alcanza un record del 165 % de los ingresos personales, lo cual supone una carga de un 50 % más respecto a la vivida en la recesión de comienzos de los 90. La sensibilidad a la deflación es ahora mucho mayor. Algunos economistas, como el Profesor Peter Spencer de la Universidad de New York, afirman que el episodio actual es mucho más severo, ya que poca gente tenía propiedades en los años 30, cuando las deudas eran minúsculas.

La deflación tiene otro efecto insidioso, desconocido por la sociedad moderna, y es que una vez que se desata los vendedores se encuentran atrapados en una espiral bajada de precios. Si tienes un producto y no se vende, en un periodo de deflación sabes que mañana valdrá menos, lo cual estimula a ir bajando los precios para perder lo menos posible. Pero los compradores esperan, porque también saben lo mismo que tú, y ello hace que los precios bajen y bajen. En España, el gran problema son los 300.000 millones de euros que deben los promotores, pues su capacidad de aguante es muy limitada. Conforme bajan los precios de los pisos, esa deuda se incrementa y ello origina que las bajadas de precios vayan más allá de lo que nadie había previsto.

En la década perdida japonesa ocurrió algo así, donde los precios de la vivienda han caído a la mitad, y el país no acaba de encontrar el estímulo que le permita salir de la espiral de deflación. Pero la burbuja japonesa, era una burbuja local, mientras que la burbuja actual es una burbuja global, es aquí donde está otra de las grandes diferencias.

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