13 octubre 2011

¿Cambiará Fukushima el uso de la energía tal y como lo conocemos?


En muchos artículos hemos hablado de los efectos del desastre de Fukushima en la energía del futuro pues la catástrofe demostró la vulnerabilidad de las centrales nucleares ante fenómenos naturales, un problema que puede repetirse en otras partes del mundo con efectos más letales aún que los del Japón. Una planta dotada con los máximos sistemas de seguridad como la japonesa no pudo superar los efectos de un terremoto y un tsunami.

Sin embargo, el mismo terremoto asoló también los parques eólicos japoneses y aunque parezca milagroso las turbinas resistieron impasibles los efectos de la catástrofe. Los ingenieros del fabricante Subaru simplemente dijeron que las turbinas se comportaron como estaba previsto que hiciesen en caso de terremoto. Lo cierto es que los fabricantes de turbinas están acostumbrados a diseñar sistemas que puedan resistir condiciones ambientales extremas y por eso esta tecnología parece estar más preparada para resistir catástrofes naturales de lo que parece están las centrales nucleares.
El desarrollo de grandes turbinas eólicas off-shore ha creado sistemas capaces también de resistir los tsunamis pues estos equipos están en el mar en lugares muy expuestos.
El caso es que el número de turbinas desplegadas en el mundo es ya de muchas miles de unidades, y parece que están resistiendo sin problemas los desastres naturales. En Japón existen ya instalados más de 2300 MW de energía eólica y ninguna ha fallado cuando la tierra se mueve bajo ellas.
La tecnología eólica es mucho más adaptable a los desastres naturales pues las centrales nucleares no se diseñaron para tener en cuenta el movimiento de la tierra bajo ellas. Ahí es donde está el principal problema que tenemos actualmente con las centrales diseminadas por todo el globo.
Los accidentes causados por la energía nuclear y por la derivada de hidrocarburos han tenido consecuencias catastróficas en todo el mundo, y los efectos sobre el medio ambiente han sido hasta ahora muy letales. Los costes de estos accidentes no se tomaron en consideración a la hora de planificar el despliegue de esas tecnologías y son ahora los contribuyentes los que tienen que soportar los multimillonarios efectos de esos accidentes.
Por el contrario, la energía eólica y solar no usan ningún tipo de combustible ni elemento peligroso y ello hace que estas tecnologías no tengan ningún efecto sobre el medio ambiente.
Los combustibles fósiles tienen también unos importantes costes como consecuencia de los desastres que provocan, y los costes multimillonarios de los accidentes deben ser asumidos por el contribuyente. También las medidas de prevención en las que deben invertir las administraciones públicas son costes añadidos que deberían haberse considerado para cuantificar con exactitud lo que realmente supone para la sociedad el uso de combustibles fósiles.
Todas las fuentes de generación de energía convencionales se han basado en la economía de escala y en la construcción de grandes infraestructuras que son inherentemente peligrosas. Las centrales hidroeléctricas causan en ocasiones grandes inundaciones, los transformadores pueden estallar cuando son golpeadas por los rayos y el gas natural puede explotar. Por ejemplo, durante el terremoto de Kobe de 1995 originó explosiones en las tuberías de gas natural.
Japón no es el único país que se ha enfrentado recientemente a desastres naturales. El pasado año ha sido particularmente duro para los desastres originados por combustibles en Estados Unidos. Por ejemplo, una explosión en una mina de carbón causó 29 muertos en Virginia. Aparte se produjo el desastre de Deepwater Horizon, cuyos efectos nocivos para el medio ambiente y en costes de reparación de daños no han tenido precedentes. En California se produjo una explosión en una tubería de gas enterrada que destruyó cincuenta casas y mató a seis personas.
Los accidentes con las energías renovables son raros y no suelen tener consecuencias. Las aspas de las turbinas eólicas son grandes y pesadas por lo que en caso de caerse no pueden caer muy lejos. Son muy pocos los casos que se han registrado en este sentido. Algunos accidentes ocurren y salen en las noticias. Por ejemplo, las aspas y el rotor cayeron de una turbina en un parque eólico cerca de Rugby, Dakota del Norte.
En los parques solares severas tormentas pueden hacer que los paneles salgan disparados como proyectiles, pero sus efectos son limitados y rápidos.
Fiabilidad ante desastres naturales
Dado el peligro de los combustibles fósiles, las plantas térmicas deben pararse rápidamente cuando ocurre un desastre natural. De hecho, Japón tuvo que deshabilitar 10 GW de capacidad térmica inmediatamente después del desastre de Fukushima. Estas paradas, junto con la pérdida de 9,7 GW de las unidades nucleares, dejó al país con un serio problema de escasez de energía, que aún se mantendrá durante un tiempo.
Los apagones han aparecido en Japón, y el problema se acrecienta debido a la necesidad de incrementar el consumo de energía para reconstruir la región asolada por el terremoto.
Si bien las unidades térmicas comenzarán a operar relativamente pronto (presumiblemente casi todas antes de fin de año), las unidades nucleares es posible que nunca vuelvan a entrar en funcionamiento. Esta pérdida golpeará muy duro al Japón, pues el país es muy dependiente de la energía nuclear que representa aproximadamente la tercera parte de la energía consumida en el país.
En el corto plazo la única forma de paliar la situación es incrementar la generación a base de combustibles fósiles, pero en el largo plazo el gobierno japonés ha dicho que va a apostar por las renovables como el nuevo pilar de la planificación energética. Japón no puede exponerse a un lastre como el que ha supuesto la energía nuclear y la única forma es una apuesta realmente decidida por las energías renovables. Japón busca con este cambio radical de planificación energética una energía más robusta y fiable ante los desastres naturales.
La generación distribuida que puede conseguirse utilizando energías renovables, especialmente eólica y solar, dotará al Japón de un suministro energético insensible a los desastres naturales. Ya que las energías renovables se producen de forma descentralizada los fallos que puedan producirse como consecuencia de un desastre no tienen incidencia significativa en la generación global del país. Sin embargo, la energía nuclear es tan sensible a los desastres que un solo accidente puntual ha llevado al país entero al borde del colapso energético.
La producción masiva de energía solar en los tejados de las casas parece ser una de las firmes apuestas del gobierno japonés. Ello supone que ningún terremoto o tsunami pueda afectar significativa a un sistema de generación que produce la energía simultáneamente en miles de emplazamientos diferentes.
¿Por qué Fukushima cambiará la energía?
Japón y Alemania han sido los dos primeros países que se han percatado del riesgo que supone para un país continuar apostando por la energía nuclear. Independientemente de los costes, que no son los que se nos han querido hacer ver por los lobbies pro energía nuclear lo cierto es que la energía nuclear se ha demostrado es tan vulnerable como poderosa, y sus efectos en la economía de un país pueden ser catastróficos con tan solo un accidente. El problema se agudiza porque el parque de centrales nucleares ha envejecido y los promotores de esta energía estaban incluso convenciendo a los gobiernos para prolongar su vida útil bastante más de lo previsto. El parque de centrales nucleares ha envejecido, y centrales con 40 años como la de Fukushima son cada vez más abundantes. Esto hace que accidentes previsibles no demasiado raros como los que acontecieron en Fukushima pongan en situación de vulnerabilidad grave a todo un país. La edad no necesariamente implica peligro, pero lo cierto es que los diseños antiguos no contemplaron todos los riesgos a los que está expuesta una central nuclear. Los riesgos deben ser evaluados y en muchos casos las reparaciones conllevan mantener a una central nuclear fuera de servicio.
Bibliografía: On dangerous ground. Renewable Energy World Magazine. May – June 2011
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