06 mayo 2011

La nueva eco-política industrial del Japón y el negocio que se atisba en el horizonte



El mayor terremoto de su historia, un letal tsunami y una crisis nuclear y energética sin precedentes parecen haber convencido al pueblo nipón de la necesidad de reorientar sus políticas energéticas. Japón es el lugar del mundo donde la energía eléctrica es más costosa para el usuario, más cara aún que en europa central. Pese a ello, Japón no había destacado especialmente en los últimos años por el impulso de una tecnología verde al estilo europeo. Es probable que el anquilosamiento del país tras veinte años de crisis lo hayan impedido, pero lo cierto es que el Japón no estaba a la altura de Europa en esas disciplinas. Lo de Estados Unidos es más normal, los lobbies petroleros pueden presionar fácilmente en un lugar donde la energía es tan barata, pero a nuestro parecer no es el mismo caso en Japón.

Pero ahora, la opinión pública se encuentra inquieta ante la incertidumbre de carecer de luz este verano. Al más puro estilo de una economía poco desarrollada la sociedad japonesa no tiene garantías a medio plazo de disponer de energía sin problemas en viviendas y pequeños negocios. No es para menos, en el área de la ultra-desarrollada Tokio, una cuarta parte de la capacidad de generación del país ha sido liquidada de la noche a la mañana.
Pero los japoneses se han puesto a trabajar rápidamente, y lo más prioritario ha sido empezar a considerar la aplicación de incentivos para la aplicación de tecnologías de eficiencia energética. La nueva política industrial del gobierno japonés va también a impulsar sin tapujos a las firmas japonesas de energías renovables.
Y nos alegra que las tendencias parece que pueden ir por el camino que tanto nos gusta en este blog, la generación híbrida a nivel doméstico mediante la implantación de micro-sistemas de generación distribuida a gran escala. La energía solar fotovoltaica se estaba ya extendiendo masivamente en el Japón, pues en las nuevas viviendas se dieron cuenta que invertir en un sistema de generación que puede durar 30 o 40 años no puede ser malo. Los fabricantes de paneles japoneses habían perdido la batalla frente a sus competidores chinos y norteamericanos, pero ahora las cosas podrían cambiar.
Otra propuesta (ya sabemos que a los políticos le faltan ideas) es subsidiar el coste de instalación de sistemas de iluminación LED. Esto no obstante estaba ya muy implantado en el Japón. Pero subsidiar los LEDs a gran escala si puede suponer un impulso interesante de esta tecnología.
También se está estudiando algo que a nosotros nos parece bien, bien interesante, y es subsidiar grandes bancos de baterías recargables para el uso doméstico. De esta forma se puede obtener energía por la noche, cuando sobra, y utilizarla durante el día para reducir la demanda pico. Toshiba ya tiene desarrolladas estas baterías, pensadas en origen para cumplir la demanda esperada de los coches eléctricos. Panasonic está también trabajando rápidamente para lanzar al mercado una batería similar.
Por el momento todo esto no son más que propuestas, pero el último mes el gobierno japonés ha empleado ya 49 millones de dólares en campañas publicitarias dirigidas al ahorro energético. Estas sumas son triviales para los 100.000 millones de yenes que la prensa japonesa baraja para cambiar a electrodomésticos verdes y LEDs.

El despliegue de energías renovables y tecnologías de eficiencia energética parece que va a ser muy intenso en Japón. Pese a ello, hay coincidencia en que estos esquemas de ahorro energético serán insuficientes para compensar la capacidad de generación perdida en el Japón. Sólo medidas drásticas de ahorro podrán conseguir que la industria japonesa vuelva a arrancar de nuevo. Reponer la capacidad perdida es algo que aún necesitará muchos años.

Bibliografía: A cloud with a green lining. The Economist. Apr 28th 2011
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