23 septiembre 2008

La crisis de América…Una semana que cambió el mundo

Acaba de llegar a España el último número de The Economist, caliente aún por la premura de las rotativas de recoger el día 20 todos los hechos acontecidos la última semana, y como siempre aportando "jugosos datos" a lo que está ocurriendo en el sistema financiero mundial. Vamos a comentar todos esos datos que no facilita el seminario británico.
El primero de los artículos que aborda la crisis de la autodenominada América tiene un título muy explícito: What next? Parece claro que el revuelo creado a finales de 2006 con las hipotecas basura no ha dicho aún su última palabra. Una frase merece ser transcrita en versión original:

"…the finance industry is caught between two brutally simple forces. It needs capital, because assets like house and promises to pay debts are worth less than most people thought"

En efecto, el sistema financiero de gran parte del mundo se basaba en que los precios de la vivienda nunca bajaban (hoy esto también lo sostiene con acierto García Montalvo), y en que existían unas obligaciones de deudas a pagar que garantizaban aportaciones al sistema financiero durante muchos años. Pero el "desastre" llegó desde el momento en que la vivienda empezó a bajar de precio con fuerza, y la gente empezó a dejar de pagar (ya sea porque no podía o porque intentaba deshacerse así de un activo por el que estaba pagando más de lo que vale en la actualidad). The Economist´s hose-price index, un indicador del precio de las casas, muestra ya que la vivienda cae de precio en la mitad de los países analizados.

Las consecuencias de este cambio en la situación del sistema financiero ya lo conocemos. En tan solo diez días hemos visto la nacionalización, caída o rescate de la que fue una vez la aseguradora más grande del mundo, con un activo de 1 billón (europeo), de dos de los principales bancos de inversión del mundo, con activos combinados de 1,5 billones, y de dos gigantes del mercado hipotecario norteamericano, con activos valorados en 1,8 billones.
La quiebra de Lehman Brothers y la rápida venta de Merrill Lynch al Banco de América fue un choque durísimo. Pero el rescate del gobierno norteamericano al American International Group (AIG), mediante un préstamo de 85.000 millones de dólares a intereses punitivos acabó marcando el 16 de septiembre como una de las fechas trágicas de la historia del sistema financiero.
Para hacernos una idea de lo que está ocurriendo, y de cómo se transmiten los problemas en la maraña financiera internacional, basta decir que AIG es considerada como una aseguradora fiable y bien dirigida, nadie hubiese previsto hace unos meses lo que podría llegar a ocurrirle. Pero su división de productos financieros, que suponía solamente una pequeña fracción de los ingresos de la compañía, emitió los suficientes contratos de derivados como para destrozar la firma y hacer sacudir al mundo. Ahora podemos explicar uno de los misterios de estos últimos años: ¿Quién estaba asumiendo el riesgo del que los bancos se estaban desprendiendo? Ahora empezamos a entenderlos. Muchas entidades emitieron productos de inversión complejos contaminados por un riesgo del que ni siquiera ellos mismos eran conscientes. El "laissez faire" de los mercados provocó que los productos de inversión se transmitiesen de un lado a otro, desconociendo realmente cuál era el riesgo que cubrían. Sólo el prestigio de la entidad emisora era ya suficiente como para que los ahorradores depositasen sus ahorros, o el dinero obtenido a base de créditos, en todo tipo de productos, tan novedosos como peligrosos. La explicación de cualquier agente comercial servía para obtener la confianza de aquellos que se basaban en los rendimientos pasados para prever rendimientos futuros. Pero estos rendimientos dejaron de obtenerse desde el momento en el que el mercado inmobiliario norteamericano empezó a deshincharse, y ahí se inició la reacción en cadena cuyos efectos están ahora saliendo a la luz. Pero el rescate de AIG ha sido insuficiente como para hacer desaparecer los miedos de los inversores, se ha desatado el pánico, y ahora es muy difícil reconducir los ánimos y devolver la confianza al sistema financiero.
Otro fenómeno que se está produciendo es que los bancos están cargándose entre sí, a base de incrementarse los tipos de interés de los préstamos, los costes extras de los préstamos y la deuda corporativa. Los excesos vividos en "aquellos locos años" de préstamos baratos están generando un sobrecoste en los préstamos actuales, o un sobrecoste diferido en los préstamos que se pidieron a tipos de interés anormalmente bajos. Nadie advirtió a los contrayentes de obligaciones crediticias, que aquello era una situación atípica, los préstamos estaban bajos como medida para estimular la economía tras los atentados de septiembre de 2001, pero desde luego nadie con una cierta cultura financiera podría pensar que esa situación continuaría de forma indefinida. Como resultado, los préstamos se encarecen sin cesar, y en Europa el Euribor ha marcado ya un nuevo record histórico al alcanzar el 5,450. El valor del Euribor es aún bajo para los tipos de interés de otras épocas, pero es muy alto para todos los que pensaron que el 2,01 de junio de 2005 sería un valor estable.
Pero todos los productos de inversión se están contagiando de la situación de pánico vivida la semana pasada: Bonos del tesoro, oro, activos financieros, todos sin excepción.
Pero lo que hasta hace poco se denominaban "turbulencias financieras" se han extendido también a Europa. El día 17, el mayor financiador de hipotecas del Reino Unido, HBO cayó en los brazos de Lloyds TSB, por la ridícula cantidad de 12.000 millones de dólares. Compárese esta cifra con otras operaciones empresariales que hemos vivido estos años en Europa, y son ahora las responsables de las abultadas deudas corporativas que están poniendo en jaque a muchas compañías. Todo esto era previsible, pues sabemos que los grandes negocios se hacen en épocas de crisis, y Lloyds TSB lo acaba de demostrar una vez más. No es buen negocio para una compañía emborracharse de compras en periodos de revalorización de los activos, sino que la estrategia de los realmente inteligentes es disponer de liquidez en el momento que surgen estas grandes oportunidades. Otros grandes bancos, incluyendo el todopoderoso Morgan Stanley o Washington Mutual, parecen estar condenados también a sufrir el mismo destino de HBO. Los inversores están huyendo todo lo rápido que pueden de los productos emitidos por los bancos de inversión, y esto no hay compañía que pueda resistirlo.
Gran paradoja del destino, nuevamente impensable hace unos meses. Aquella compañía que fundaron los viejos Henry S. Morgan y Harold Standley en plena gran depresión del siglo XX, aquel 16 de septiembre de 1935, esté a punto de ser engullida por la gran depresión del siglo XXI.
En medio de este terremoto, sólo los nuevos ricos del orden mundial parecen tener el suficiente dinero como para salvar todas estas compañías. Otra paradoja del destino ha sido el órdago ruso de estos días, quienes han dicho que prestarían 44.000 millones de dólares para salvar a los bancos norteamericanos. No olvidemos que el estado ruso estaba en bancarrota hace menos de diez años. Pero hay otros que han sonreído estos días, cuando han visto a la Reserva Federal, y al Tesoro de los Estados Unidos, nacionalizar el corazón de su sistema económico, a un ritmo que no igualaría ni el "gran" Hugo Chaves. En una sola semana, las tesis irrenunciables que han imperado en el funcionamiento de la economía de mercado, han tenido que ser arrinconadas por su principal valedor. Todo ha cambiado en una sola semana, y valga como ejemplo que los fondos monetarios norteamericanos, supuestamente la forma más segura de inversión, han reportado también pérdidas esta semana.
Respecto al plan de salvamento que no ha tenido más remedio que lanzar el Gobierno Federal de Estados Unidos, ya todos los analistas internacionales están trabajando para tratar de averiguar cuál será su efecto, y qué repercusiones tendrá en todo este embrollo. Ayer ya adelantamos nuestra modesta contribución, con datos que empiezan a cuantificar lo que está ocurriendo. Pero sin duda dedicaremos mucho más tiempo al fenómeno que se está convirtiendo en lo más importante que ha ocurrido en el mundo de los negocios desde hace muchos años.
Volviendo a la reacción en cadena que se está desencadenando, el caso de AIG es probable tenga más repercusiones que el resto de las compañías. Piénsese, que AIG tuvo la osadía de contratar 450.000 millones en seguros para garantizar posibles créditos fallidos, pero lo hizo en un momento en el que casi todo el mundo pagaba sus créditos. Nadie dejaba que le embargasen una casa cuyo precio subía como la espuma. Evidentemente el ya gran barullo de los créditos hipotecarios fallidos se complica si falla quien precisamente tenía que responder ante los fallos. Veremos a ver cuáles son las repercusiones de este nuevo problema en el sistema bancario, pues las compañías aseguradoras se fundamentan en que el riesgo que corren es relativamente pequeño, así que por aquí parece que está viniendo un nuevo descuadre de las cifras de estas compañías.
La primera actuación de la FED al dejar que Lehman Brothers fuese a la compañía fue una actitud asumible e incluso aplaudida. Los fallos del capitalismo deben pagarlos sus culpables, pero claro, esto es así siempre que no falle el sistema completo como parece que está ocurriendo. La bancarrota de Lehman es un terremoto financiero, pero si la misma semana cae otro gigante bastante mayor, nadie sabe qué hubiese ocurrido. Es por eso que la FED tuvo que intervenir, no tenía posibilidad de hacer otra cosa, y ello no deja de ser inquietante, pues no se trata de una medida política de supervisión, sino de una medida de emergencia tomada "in extremis", y bajo la asunción de que si no se hacía los efectos serían aún mucho peores.

¿Qué ocurrirá a partir de ahora?

En este artículo hemos vertido muchos comentarios personales, así que para cuestión tan trascendental, trataremos de ceñirnos a lo que piensan los analistas de The Economist. Según ellos, lo que ocurrirá a partir de ahora, dependerá de tres cuestiones fundamentales:

  • ¿Por qué la crisis ha derivado hacia una senda tan destructiva?
  • ¿Qué grado de vulnerabilidad tiene aún el sistema financiero y la economía?
  • ¿Qué puede hacerse para enderezar el mundo de las finanzas?

The Economist vuelve a resaltar que el principal problema es que la vivienda está bajando de precio, por lo que en gran medida todo dependerá de si estamos o no muy próximos al fondo del precio de la vivienda. Por otra parte, el sistema financiero ha visto crecer sus beneficios en un rango que va del 10 % a comienzos de los 80 a un 40 % el pasado año. La industria financiera no podrá levantar cabeza a menos que se vuelva bastante más pequeña, pues los inversores ingenuos han desaparecido, y los que pueden invertir son ya pocos. Los fondos soberanos que ponen dinero en los bancos débiles, han perdido mucho en el pasado, así que es mejor hacer una auténtica catarsis, y aprovechas lo aprovechable. Algo parecido a lo que ha hecho Barclays sobre el cadáver de de Lehman, abatirse sobre los negocios de Lehman en Norteamérica, pero cuando ya el gigante había caído. Rescatar compañías moribundas y tratar de reflotarlas es una medida costosísima e ineficaz en los tiempos que corren, porque el sistema simplemente no puede digerir un sistema financiero tan sobredimensionado. Las medidas paliativas sobre los moribundos, han resultado contraproducentes, véase la ayuda proporcionada por JPMorgan Chase a Bear Stearn. La nacionalización, palabra tabú hasta hace pocos meses, fue empleada por el gobierno de Bush con Fannie y Freddie, pero lo único que se ha conseguido ha sido poner en riesgo al resto del sistema. Las únicas medidas que se han visto acertadas, han sido las compras, como las llevadas a cabo por Bank of America hacia Merril Lynch, Lloyds sobre HBO, y posiblemente Wachovia sobre Morgan Stanley. Pero pese a todos los costes del rescate, el coste del colapso de la economía sería mucho mayor aún. Si las finanzas se hunden, el crédito se esfumará y simplemente desaparecerá la posibilidad de comprar casas o ampliar los negocios. La única esperanza que queda a los gestores del sistema financiero es que el estallido de la burbuja inmobiliaria esté tocando ya fondo, lo que sin duda revitalizaría el sistema. También hay esperanzas de que China e India sigan creciendo, y tomen el testigo de Estados Unidos como locomotora mundial.

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