27 enero 2009

Especial The Economist: El futuro de las finanzas

"El monumento a la planificación central soviética se supuso como un montón de botas de pie izquierdo sobrantes sin ninguna bota derecha para emparejarla. El gran mercado de los últimos veinticinco años ha tenido como resultado millones de casas vacías sin nadie que las compre".
Así comienza un detallado informe especial que The Economist publica esta semana (The Economist January 24th 2009) sobre la cuestión que más preocupa actualmente en el panorama mundial: La supervivencia o no del sistema financiero internacional. A unos les preocupan sus deudas, y a otros sus ahorros, pero lo que está claro es que el desasosiego es generalizado. En este artículo vamos a comentar la jugosa información que nos facilita el semanario británico, y comentar sus repercusiones.
Cuando el sistema financiero falla, todos sufren. En los últimos 22 meses el shock se ha extendido desde el fracasado negocio inmobiliario de Estados Unidos, sector por sector, economía por economía. Algunos mercados se han bloqueado y otros se han visto lastrados por la volatilidad. Muchos negocios están camino de la quiebra y millones de puestos de trabajo se están destruyendo. Por primera vez desde 1991 los ingresos medios por hogar están cayendo a nivel global.
Según el informe, "Financial services are in ruins". Nadie lo ha dicho tan claro hasta ahora, los servicios financieros están en la ruina, y lo peor es que la afirmación viene de una de las fuentes más informadas. Quizás la mitad de los fondos estructurados salgan fuera del mercado. Sin la ayuda de los gobiernos muchos bancos habrían caído ya. Cientos de miles de personas trabajando en servicios financieros perderán sus puestos de trabajo; y muchos millones de sus clientes perderán sus ahorros.
El sistema financiero internacional se encuentra en una situación de extrema fragilidad, sobre todo desde que los ahorradores han visto que su dinero peligra. Si los ahorradores ven que su dinero no está seguro comienzan a buscar otras alternativas más fiables y ello desestabiliza el sistema. Esto ocurrió por ejemplo cuando los ahorradores japoneses huyeron de su propia burbuja inmobiliaria y huyeron primero a los países nórdicos y después a Asia, que sufrió el contagio en 1997. El crash de Japón de 19933 aún no ha visto su recuperación, así que podemos hacernos una idea de las convulsiones que vivirá el sistema financiero en los próximos años. Algunos analistas ven la crisis actual como un resultado de la vivida en Asia a finales de los 90. Entre los datos que da el informe podemos mencionar también que cita a España como beneficiado por las inversiones extranjeras desde principios de 2000, que llegaron a alcanzar la increíble cifra del 50 % del P.I.B. Se destaca también el problema que se genera cuando se bajan los tipos de interés de la forma que se hizo a partir de 2001, ya que los créditos eran muy baratos y el ahorro declinó. Desde principios de 2000 se generó un torrente de dinero que canalizado a través de inversiones internacionales fue el responsable de gran parte del crecimiento económico vivido en muchos países. Nadie sabe muy bien cómo ocurrió aquello, pero si las consecuencias, las letales burbujas inmobiliarias que se crearon en un gran número de países. La consideración de un bien de primera necesidad como inversión, algo que sin tapujo ni recato alguno se propició desde finales de los años 90, creó un cocktail de gran peligrosidad. El miedo a no disponer de vivienda, o a no poder acceder a la misma en el futuro, genera un impulso de comprar a toda costa que retroalimenta el sistema y crea burbujas especulativas fundamentadas en enormes flujos de capitales. Pese a que estos fenómenos están de lo más estudiados (ver "Las enseñanzas históricas de las burbujas especulativas"), nadie supo poner orden y casi nadie advirtió a la población de lo que sin duda ocurriría.
Existen sospechas de que el talento y know-how americano hizo que el desastre fuese pero. De todos los instrumentos financieros creados a la sombra de las burbujas los que tuvieron un efecto más devastador fueron las sintéticas obligaciones de deuda colateralizadas, o CDOs. Este sutil instrumento permite convertir obligaciones hipotecarias y fondos corporativos de gran iliquidez, en instrumentos financieros de gran liquidez. Esta maniobra financiera permitió transformar la "no liquidez" en "plena liquidez". A partir de las inversiones inmobiliarias, teóricamente seguras, los bancos de inversión se las ingeniaron para crear un sistema que inyectase un enorme flujo de liquidez en el sistema, un flujo que revolucionó la sociedad moderna de la última década, y que ahora ha desaparecido.

EL DESASTRE DE LAS BURBUJAS

La gente tiende a no creer en las burbujas, pues la falsa sensación de riqueza dota de gran locuacidad a sus defensores, y hace parecer fracasados a sus detractores. Pero mirando al pasado, el desastre de las hipotecas llega parecer ridículamente simple. Un sistema que da liquidez a las hipotecas, unas inversiones sobre-pagadas y la intoxicación del fácil crédito. Si no fuese por lo sofisticado el sistema, una mirada retrospectiva hace parecer lo que ha ocurrido un timo de incautos. ¿Alguien confiaría en un negocio con rendimientos anuales del 20 % o más? ¿Nadie se plantearía que algo está fallando? ¿De dónde sale ese dinero? Lo más sorprendente es que desde el renacimiento italiano las burbujas han plagado las finanzas occidentales y la gente cae una y otra vez. Transcurren unos años, se olvida todo, y el mecanismo comienza nuevamente a desarrollarse. Abhijit Banerjee, un economista del Massachusetts Institute of Technology, habla de una cierta irracionalidad en las burbujas. En la vorágine de las burbujas, personas interesadas se encargan de inyectar optimismo, un optimismo que va contagiando poco a poco a la población hasta que se generaliza el negocio. Y lo peor es que absolutamente ninguno de los medios de comunicación ni partidos políticos mayoritarios advirtieron a la gente lo que estaba pasando. Es más, en los últimos cuatro años lo que se pretendía era engordar la burbuja aún más pero bajo el eufemismo de "aterrizaje suave". Pero una burbuja amparada en el sistema financiero tiene unos efectos mucho más perniciosos de otras burbujas, por ejemplo de tipo industrial. El problema son las interacciones complejas entre los que prestan y los que piden prestado, y los que pagan respecto a los que reciben el dinero. Si falla alguno de los eslabones de la cadena, si alguien deja de pagara, el problema se extiende afectando incluso a muchas personas. Si la gente de pagar, el efecto de los pagos se extiende y poco a poco se va creando una sensación de "iliquidez". El riesgo crece en función del volumen, y conforme avanza se convierte en una crisis. El grupo asegurador AIG, el que fuera el más grande del mundo tuvo que ser salvado por el gobierno norteamericano. Si no lo hubiese hecho los efectos de la quiebra se hubiesen extendido por todo el mundo originando una devastadora inestabilidad financiera. De ahí vinieron los paquetes de salvamento que los gobiernos se vieron obligados a inyectar en el sistema financiero internacional. El problema de la falta de liquidez, y de la desconfianza que se genera, es que restablecer el sistema anterior lleva bastante tiempo. La mayoría de las burbujas se colapsan en las primeras fases y no suelen provocar daños, esto ha ocurrido en innumerables ocasiones. El problema de la burbuja actual es que se ha dejado crecer y cuando creció se estimuló un mayor crecimiento aún. Si bien casi nadie podía ya comprar activos inmobiliarios, pero se seguía hablando de crecimientos de precios y revalorizaciones futuras. La deflación de muchos negocios en auge tiene lugar sin que sus efectos lleguen a alcanzar cotas peligrosas, pero en esta ocasión no ha sido así. Y como ha ocurrido con todas las burbujas, los inversores han retirado su confianza y han buscado destinos más seguros, y ello genera una reacción en cadena que aleja a los inversores durante años. Y si los inversores se retiran, el crédito comienza a escasear cada vez más, y el problema se extiende. Los préstamos cada vez cuesta más conseguirlos y cada vez hay que pagar más por ellos. El boom financiero de los últimos años ha disfrutado de un vertiginoso crecimiento que ahora se está corrigiendo. En pocos años las empresas de inversión crecieron más que lo que lo hicieron desde su centenaria fundación. Goldman Sach, por ejemplo, tenía en 1970 aproximadamente 1300 empleados. A final del pasado año ya tenía aproximadamente 30.000. En 1971, Morgan Stanley tenía 3500 empleados, pero en su pico en 2006 la compañía contaba ya con 55.000. Podemos concluir diciendo que lo esperable a medio plazo es que el sobredimensionado sistema financiero actual se adecue a las necesidades reales de la economía. Es probable por ello que durante unos años el sistema financiero se contraiga hasta alcanzar la estabilidad. En ese momento, aún no previsible estarán sentadas las bases para las …próxima burbuja.

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