26 enero 2009

Los primeros intentos de proteccionismo en USA pueden dañar el acero español

La crisis mundial viene arreciando estos primeros días de 2009, con anuncios de despidos masivos en todo el mundo, y el sistema bancario depreciándose rápidamente. Los paquetes de estímulo de los gobiernos apuntalan el sistema bancario global pero también hacen que la sombre del déficit se cierna sobre la economía. Ante tal panorama, ya advertíamos hace unos días que es previsible un incremento de las medidas proteccionistas (ver "Otro problema que llega: El proteccionismo"). La nota folclórica la ha dado el ministro de Industria Miguel Sebastián cuando ha recomendado el consumo de productos españoles como una medida para combatir el paro. Esta nota colorista puede parecer ingenua pero no lo es tanto, y un economista como él debería saber hacia dónde llevan estas cosas. De hecho, gran parte del desarrollo económico de los últimos años se deben a que este tipo de recomendaciones, voluntarias o forzosas, han ido desapareciendo. El comercio mundial crece si desaparecen las barreras, y el comercio mundial se retrae si las barreras vuelven a aparecer.
El problema del déficit comercial se debe por una parte a nuestra incapacidad para vender fuera, y por otra parte a nuestra incapacidad para producir eficientemente. Si consumimos productos locales más caros con el único objetivo de sanear el déficit comercial, seguiremos evolucionando hacia la pérdida relativa de competitividad. Pero lo peor no es eso, sino que lo peor viene cuando nos dan una dosis de nuestra propia "medicina", y los países que nos compraban deciden aplicar el mismo sistema. De hecho, ya se está intentando en otros países. El escenario más obvio del desastre está comenzando a ganar tracción en Estados Unidos. The Times ha informado que los exportadores estadounidenses están intentando parar un intento del nuevo presidente de insertar una cláusula "buy America" en su paquete de estímulo de 825.000 millones de dólares. Si esta cláusula se incluye finalmente, las compañías de Estados Unidos tendrían que comprar acero norteamericano para sus proyectos de infraestructuras con fondos federales. Vamos, una medida como la de Sebastián pero un poquito más seria. El problema viene por supuesto, de la reacción de los fabricantes de acero extranjeros (por ejemplo los españoles), que verán como indirectamente se les veda el acceso al pastel más goloso que se atisba a ver en el futuro. Los fabricantes europeos han solicitado ya a la a Unión Europea la recisión de la cláusula de la Organización Mundial de Comercio que regula el comercio del acero. Pocos recuerdan el paralelismo que se vivió en la Gran Depresión respecto al acero, cuando Estados Unidos intentó frenar la sangría en el desempleo, aprobando Smoot-Hawley Act, y acabó secando el comercio mundial. Y es que si las medidas proteccionistas se aplican en años de crisis severa el efecto pánico puede llevar a paralizar el comercio totalmente. Pero claro, el proteccionismo es una medida populista de lo más atractiva para los políticos, porque funciona bien en el corto plazo. Las medidas proteccionistas pueden tener un efecto positivo en el comercio final, y en el entorno del ciudadano, pues las contra-reacciones de los países afectados tardan meses en tener efecto directo.
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