27 febrero 2009

Layaway, una forma innovadora de vender en época de crisis

Tres tipos de empresas tienen más riesgo de desaparecer por los efectos de la recesión, las más endeudadas, las menos organizadas, y las menos innovadoras. Y es que en medio de una crisis económica de magnitud no conocida desde los años treinta, no todas las empresas van a funcionar. Muchos mantienen sus estructuras empresariales inalteradas, esperando que pase la crisis, pero la luz al final del túnel no tiene visos de aparecer. Es por tanto el momento de tomar decisiones innovadoras, y tomarlas ahora antes de debilitarnos aún más. Hablamos hoy de una nueva estrategia de venta que ya está en marcha en Estados Unidos como respuesta a la crisis, el layaway. Se trata en realidad de una estrategia de venta tradicional, que había desaparecido desde que llegó el dinero de plástico, y que es una respuesta interesante para diferentes tipos de negocios. Los lectores más jóvenes no estarán familiarizados con la idea, pero un plan layaway no es otra cosa que permitir al comprador llevarse un producto de la tienda, e ir haciendo luego pequeños pagos hasta lograr saldar la deuda. El producto acaba pagándose en un intervalo que típicamente va de uno a tres meses. El resurgimiento del layaway se ha producido sobre todo por el alto coste que supone actualmente utilizar las tarjetas de crédito. Algunas de las grandes cadenas de Estados Unidos están empezando a lanzar este servicio. La primera ha sido K-Mart, una enorme cadena que permite utilizar layaway con un coste pequeño para el consumidor. También el gigante Wal-Mart ha iniciado que pondrá en marcha nuevamente esta forma de pago. Pero en el siglo XXI, otras formas más innovadoras de pago están apareciendo. Una nueva firma, eLayaway, ha rescatado el concepto y lo está aplicando en el ciberespacio. Con un coste de un 1,9 % del coste del servicio los usuarios pueden elegir entre unos 1.000 productos que serán pagados mediante pequeños descuentos mensuales de la cuenta corriente.
Bibliografía: The layaway. The Economist January 10th 2009
Publicar un comentario