11 febrero 2009

Según el FMI los países avanzados están ya en recesión

Una nueva y presagiada etapa se vislumbra en el horizonte, la tan temida depresión podría haber llegado. El estado de bienestar quizás esté ocultando sus letales efectos, pero cada vez son más los indicios que avisan sobre una posible depresión. Hace muy pocos días que comentábamos un estudio del National Bureau for Economic Research (NBER), y algunos análisis que alertaban de la gravedad de la crisis (ver “El mundo se dirige hacia una represión profunda”). Pero los acontecimientos se suceden con rapidez, la crisis evoluciona a una velocidad realmente inesperada y otro término tabú comienza a ser utilizado: “estamos en depresión”. Y ha sido Dominique Strauss Kahn, directivo del FMI quien ha hecho saltar las alarmas. Hace diez días, el FMI volvió a recortar sus perspectivas de crecimiento para el mundo a un exiguo 0,5 %, el nivel más débil desde la II Guerra Mundial. Los paquetes de gasto público aplicados por los gobiernos no sacarán a la economía global de la recesión a menos que se restaure la confianza en el sistema bancario. Según Strauss Kahn, el esfuerzo realizado por los diferentes países sólo tendrá resultados si se consigue restaurar la confianza en el sector bancario, y esto no se ha conseguido aún. La banca basa su capacidad en el dinero de los que confían en los bancos, sin el dinero de estas personas nada puede hacerse. Pues bien, los depositantes e inversores no sólo no han recuperado su confianza en la banca, sino que cada vez hay más dudas. El dinero no se crea de la nada, como muchos de los que mueven los hilos parecen creer, por lo que resulta vital establecer políticas dirigidas a estabilizar el flujo de dinero. Hace algunos días hablábamos de la forma como se crea el dinero (ver ¿Por qué está colapsando el suministro de dinero?, para entender de dónde vienen los problemas de escasez de dinero). Hasta ahora no se han implementado políticas efectivas con las que se logre conseguir solucionar esta falta de confianza que genera una escasez de dinero, y esto sólo se logrará por medio de una reestructuración efectiva del sector bancario. En Estados Unidos, desde que comenzó la recesión en diciembre de 2007, se han perdido ya 3,57 millones de puestos de trabajo, lo cual supone una contracción en la economía y desempleo no conocida desde la II Guerra Mundial. Las grandes compañías norteamericanas están inmersas en programas de recorte de costes. Hay esperanzas de que las medidas fiscales y monetarias implementadas en todo el mundo ayuden a cambiar la actual tendencia recesiva, pero también hay riesgo de que sean anuladas por los tumultos financieros. El último estímulo de importancia es el “paquete Obama”, que totaliza 780.000 millones de dólares, es la última medida implementada para tratar de prevenir que la economía norteamericana se hunda en una recesión profunda. Las naciones asiáticas, desde China a Singapur pasando por India, han solicitado también sus propios programas de gasto, los cuales ascienden a 685.000 millones de dólares. Pero la administración Obama está incluso sopesando someter a los bancos a comprobaciones para verificar que realmente necesitan nuevas inyecciones de liquidez. Más información aquí
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