19 marzo 2009

El mundo se desliza hacia una “Gran Recesión”

La revista de análisis económico Moneyweek introduce un nuevo término para definir la situación económica con la que se enfrenta el mundo, y el nuevo apelativo es "Gran Recesión", un término que ha sido por primera vez empleado por el Fondo Monetario Internacional. El motivo de este aparente empeoramiento de la situación global es que las últimas noticias oscilan entre "terribles" y "peor aún". La última declinación en las nóminas de Estados Unidos significa que se han perdido un 50 % más de puestos de trabajo en los últimos cinco meses que en cualquier otro periodo similar de la postguerra. El P.I.B. se hundió a un ritmo anualizado del 6,2 % en el cuarto trimestre del año, y este trimestre los datos están siendo aún peor, según Goldman Sachs. En China la inflación se ha vuelto negativa y el colapso de las exportaciones ha seguido avanzando. Las exportaciones alemanes cayeron a un ritmo anual del 20,7 %, la peor caída en 16 años. Pero incluso una economía que no disfrutó directamente de las mieles de la burbuja inmobiliaria como Alemania, están cayendo a una velocidad tan terrorífica que puede hacer que su P.I.B. caiga este año un 9 %. Estamos ya ante unas caídas tan serias que peligra lo que los países europeos denominan "estado del bienestar". Veremos a ver que ocurre el próximo año cuando las arcas públicas se hayan vaciado definitivamente y los empleados públicos o pensionistas también vean la crisis más de cerca. Y es que hasta ahora la crisis se ha cebado en la destrucción de tejidos productivos claves como el sector de la construcción, el transporte o la industria, pero la caída de los ingresos sin duda repercutirá a partir de ahora en un espectro más amplio de colectivos.

El sufrimiento del mundo desarrollado

El mundo desarrollado es el más afectado por la crisis de liquidez, puesto que en los países menos desarrollados la crisis de liquidez es endémica. El riesgo de devaluación de la mayoría de las monedas de los países más pobres hace que los tipos de interés aplicados por los bancos locales sean inalcanzables para la ciudadanía, y por ello el endeudamiento a largo plazo prácticamente no existe en muchos países. Esa situación, así como las reservas acumuladas durante los años de bonanza han protegido a muchos países durante las etapas más tempranas de la crisis internacional. Posteriormente, ya lo hemos hablado en varias ocasiones, los países exportadores como los asiáticos vieron como caían sus exportaciones, y por último, los que producían materias primas más ligadas al sector de la construcción, como Chile con el cobre, sufrieron también los efectos de la crisis. Europa del este, con su particular burbuja y la fashion idea de pedir créditos en monedas fuertes acabó castigando seriamente a la mayoría. Pero según el FMI, el flujo de inversión privada a los estados emergentes está menguando. En este sentido, el Institute of International Finance prevén que las inversiones caigan en la siguiente secuencia: 928.000 millones de dólares en 2007, 466.000 millones en 2008 y 165.000 millones en 2009. Es por tanto previsible una importante reducción de sectores como la construcción en economías emergentes. El Banco Mundial ha calculado que las necesidades de financiación externa de los mercados emergentes excedan al dinero disponible entre 268.000 y 700.000. Parte del problema es que los países ricos están bloqueando los sistemas internacionales de financiación al desviar los fondos hacia sus propios programas de estímulo. No es de extrañar, por tanto, que el Banco Mundial esté ya previendo un crecimiento negativo en el mundo para este año. Una contracción global de este tipo no se conocía desde la II Guerra Mundial.

¿Estamos ante otra depresión?

La Gran Recesión puede convertirse en algo peor. Según CPB Netherlands Bureau for Economic Policy Analysis, El proteccionismo está elevándose y el volumen del comercio mundial ha caído un 22 5 anualizado en el último trimestre. El sistema bancario global está roto, y a pesar de los esfuerzos políticos, hay mucha más deuda en las familias por amortizar que la existente en los años 20. Un hundimiento semejante al de los años 30, o al de Japón de 1990 parece ahora altamente plausible.

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