10 marzo 2009

Agujeros del Plan Obama y los planes de estabilización de las dictaduras del siglo XX

Las burbujas de gran alcance, como la que está equilibrando el mundo en estos momentos, suele estallar mucho después de su generación, y los responsables de salir del trance son personas diferentes a las que las han provocado. El laissez faire de muchos años ha provocado una situación sin precedentes de desenlace incierto, y que perdurará un buen número de años. Y entre los que han encontrado una situación más delicada, destace entre todos el panorama que se le presenta al presidente Obama. Entre las medidas tomadas por el nuevo gobierno Obama, destaca un plan de estímulo a la economía, que se ha cuantificado en 789.000 millones de dólares. Un enorme esfuerzo que deberá ser soportado por los contribuyentes durante muchos años. Y es lo que tienen las crisis económicas graves, que es fácil tomar medidas de estímulo pero es muy difícil luego recuperar la economía. El plan de Obama es un plan de estabilización, una medida excepcional que suele tomarse ante situaciones graves. Pero antes de hablar del plan Obama vamos a hablar de algo políticamente incorrecto, vamos a hablar de los planes de estabilización de las dictaduras y sus efectos en la economía. Igual que hicimos en el artículo “Nosotros sí defendemos el despido libre”, vamos a hablar ahora de estos planes de estabilización. El motivo no es otro que las únicas crisis que pueden compararse a las actuales son las que acontecieron tras episodios sangrientos como la guerra civil española, o tras políticas no menos sangrientas como la represión de Pinochet a partir de 1973. Los que no lean más que el título del artículo seguro que nos criticarán, pero creemos que nunca debe obviarse estudiar la historia como referencia, y hacerlo desde todos los puntos de vista. Bueno, vamos a ver como abordaron sus respectivas crisis económicas los dictadores más célebres de la historia del siglo XX El plan de estabilización del General Franco Entre los planes de estabilización célebres, podemos mencionar por ejemplo el que en 1959 aplicó el general Franco para tratar de sacar a España de la situación en la que estaba desde la guerra civil. Si hay algo que caracterizó aquel plan, fue sobre todo la exigencia a la población de grandes sacrificios. Y esos sacrificios comenzaron con la política de austeridad auspiciada por las propias cuentas públicas. Ni mucho menos es nuestra intención defender un plan de aquel tipo, pues el sacrificio se exigió de forma desigual, y las políticas de austeridad fueron acompañadas de una política de represión. Algún día hablaremos con más detalle de todo esto, pero lo primero que llama la atención es que este plan de estabilización se basaba justo en lo contrario que los actuales, lo que se pretendía sobre todo era aplicar políticas de recortes presupuestarios. El plan iba acompañado también de medidas liberalizadoras, pero sobre eso la economía actual está ya sobrada. El plan de estabilización del General Pinochet La política de estabilización económica del General Pinochet es otro de los milagros del siglo XX, y se basó en una serie de medidas para impulsar la austeridad, más firmes si cabe que las del propio general Franco. Se redujo el gasto público en un 20 %, se despidió al 30 % de los empleados púbicos, se aumentó el IVA, se privatizaron la mayor parte de las empresas públicas (más bien se regalaron), y por último se liquidaron los sistemas de ahorro y de préstamos de vivienda. Los efectos iniciales fueron terribles, con una caída del P.I.B. del 12 %. Pero el sistema se afianzó a partir de 1977, iniciándose lo que se ha llamado Boom. El éxito económico de Hitler Hitler estuvo a cargo de una de las mayores expansiones de la producción industrial y la mejora civil como nunca se había visto en Alemania, en su mayoría sobre la base de la deuda de flotación y el rearme. Pero a diferencia de los dos dictadores anteriores, Hitler tuvo la suerte de llegar al poder justo cuando Alemania se encontraba en el arranque de la fase de recuperación tras el embate de la terrible crisis de los años 30. La situación internacional, a rasgos generales, y comunes al resto de naciones en fase de restitución, se caracterizaba por un aumento de las restricciones al comercio y movimientos de capital, disminución de los préstamos exteriores, devaluaciones monetarias y, como es de esperar, una acentuación de la intervención estatal en la economía. En suma, las clásicas medidas adoptadas para aislar a las economías de las desfavorables coyunturas exteriores, y es que no olvidemos que el mundo estaba entonces recuperándose de la Gran Depresión. En el caso de Hitler, la clave de la recuperación económica se basó en un espectacular programa de obras públicas en infraestructuras y en el rearme. El presupuesto de defensa se incrementó de 1.000 millones de Reichmarks en 1933, a 17.000 millones en 1.938. Para la financiación de semejante volumen de gasto, el gobierno nazi se las arregló aplicando una sólida política financiera: Los dispendios públicos financiados por las deudas, pusieron en funcionamiento factores de producción ociosos y desembocaron en un aumento de la renta nacional que generó rendimientos impositivos más elevados y una acumulación de ahorros que a la vez permitieron reintegrar o consolidar en cierto modo los empréstitos públicos. El plan Obama Volviendo a insistir en que la exposición anterior no procede más que de hechos históricos, lo primero que llama la atención del plan Obama (y por extensión del resto de las economías occidentales), es que os planes de estabilización de Pinochet y Franco basaron su efectividad en el uso combinado de políticas de estabilización financiera y políticas de austeridad. Estas políticas se aplicaron en combinación con fuertes acciones represivas que evitaron la respuesta de la población. El plan de Hitler, o más bien de los tecnócratas alemanes del momento, es mucho más inteligente, ya que se basa en el incremento del gasto público pero simultaneándolo con una serie de medidas financieras de estabilización de la economía. Los plan Obama, y en general los planes de estabilización de los gobiernos de países desarrollados, se enfrentan en esta ocasión a un problema de mayor dimensión, pues la burbuja del crédito ha afectado ya a todo el mundo. Consecuentemente, las medidas unilaterales no podrán nunca tener efectividad por si solas, pues la incertidumbre reina en inversores, productores y consumidores de todo el globo. Las medidas más significativas tomadas hasta el momento, y en marcha para este año, son estímulos fiscales y aumento del gasto público. Estaríamos por tanto asistiendo a políticas más próximas a las de la Alemania nazi (por favor, que se entienda esto en el contexto), que a las de los planes de estabilización de Franco y Pinochet. No sabemos si esto es bueno o malo, pero lo cierto es que las medidas de austeridad brillan por su ausencia en todos los planes de estabilización que se están poniendo en marcha. Los estímulos fiscales, si bien pueden ser necesarios, no podrán ser la solución al problema, puesto que en esta ocasión nos enfrentamos a un sistema financiero roto. Las lecciones más jugosas en este caso debemos extraerlas del Japón de los 90, donde se comprobó que si los balances del sistema financiero y empresarial están cargados de deudas, la recuperación no podrá iniciarse hasta que no se reequilibren esos balances. Y ahí está el problema actual, el fondo de todo este asunto es que pese a los grandes esfuerzos que se están realizando mediante gasto público, el desequilibrio de los balances no se ha corregido, y por tanto no es previsible un despegue de la economía tan solo con estímulos en el gasto público. Hitler, si bien aplicó unas medidas de gasto público similares (bueno..en este caso no es una carrera armamentística), pero esto lo hizo en un país que tras la grave crisis de los años 30 se había saneado. Por eso en este caso funcionó la inversión pública simultánea, haciendo que se disparase la economía en múltiples frentes. El problema actual, es que las inversiones públicas se realizan en un contexto en el que muchos bancos pueden ser insolventes. Algunos de los grandes bancos norteamericanos siguen aún contaminados por activos tóxicos, es la iliquidez, que viene provocada por la devaluación continua del valor de los activos inmobiliarios. Los activos inmobiliarios están cayendo en muchos países (Estados Unidos, Reino Unido, España, etc.), y esa caída natural de los precios hace aumentar el riesgo de morosidad, y debilita el valor de los bancos por su alta carga en activos inmobiliarios. Volvemos a concluir este artículo, de la misma forma en que concluimos del mes de febrero en el que abordaba el mismo problema. En tanto los activos inmobiliarios no toquen fondo, no será posible estabilizar el sistema bancario, y consecuentemente comenzará a generarse nuevamente confianza. El problema es que hasta que toquen fondo los activos inmobiliarios tiene que haber aún mucho sufrimiento. Bibliografía: Algunos datos cuantitativos de este artículo proceden de “The Obama rescue”. The Economist February 14th 2009
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