22 marzo 2009

Perspectivas ante el desempleo masivo en una recesión profunda

Los locos años veinte marcaron una década en la que un buen número de países desarrollados disfrutaban de las mieles de la derrota sobre Alemania en la I Guerra Mundial, pero los excesos especulativos acabaron causando una depresión económica de la que el mundo no empezó a recuperarse hasta el comienzo de la II Guerra Mundial. Nada evoca más la miseria del desempleo de masas que las fotografías de aquella depresión. Las caras desgarradas de aquellos hombres, sus vestidos raídos, y sus ojos tristes. La desesperación y el extremismo político se acabaron instalando en la sociedad; pero también enseñó a las subsiguientes generaciones que las políticas públicas sabiamente aplicadas son imprescindibles para aliviar el sufrimiento de aquellos que no pueden conseguir un trabajo.
Cierto es que hasta ahora ni los analistas más pesimistas plantean un escenario de hundimiento de la economía como el que tuvo lugar durante la Gran Depresión, cuando la economía de Estados Unidos cayó un 25 %. Pero el mundo está en la recesión más profunda que se ha vivido desde los años 30, y el comercio mundial está cayendo a una velocidad no vista en 80 años. La caída prevista en el P.I.B. para 2009 es ya muy intensa para varios países, especialmente Japón (– 5,3 %), Hong Kong (– 4,7 %), Singapur (– 7,2 %), Corea del Sur (– 5,9 %) y Taiwan (– 6,5%). Pero las caídas anualizadas en el cuarto trimestre de 2008 han sido mucho más bruscas en un buen número de países: Japón (– 12,1 %), Suecia (– 9,3 %), Hong Kong ( –7,8 %), Singapur ( – 16,4 %), Corea del Sur (– 20,8 %),Tailandia (–22,2 %), Brasil ( – 13,6 %), México ( – 10,3 %).
En cualquier situación de contracción económica el efecto más visible es el desempleo, que tiene lugar como consecuencia de una disminución del tamaño de los mercados. En una recesión profunda como la que estamos atravesando no parece previsible que los mercados vuelvan a crecer en las actividades que existían antes de este periodo, por lo que la única forma de absorber el desempleo es desarrollar otras actividades que sí tengan potencial de crecimiento. En los países que disfrutan del privilegio de estar desarrollados, el estado cubre al menos durante un tiempo las necesidades más básicas, pero lo cierto es que el desempleo está creciendo a pasos agigantados. La pregunta que mucha gente se hace es: ¿Podrán los gobiernos hacer algo para minimizar los efectos del desempleo masivo?

En la cola del paro

En muchos artículos hemos visto cómo comenzó la recesión en América, y de ahí se extendió al resto del mundo. Un mercado tan flexible como el estadounidense rápidamente ajustó sus excedentes laborales y desde diciembre de 2007, 4,4 millones de trabajadores han quedado sin empleo. La tasa de paro alcanzó en enero el 8,1 %, unas cifras desconocidas en los últimos veinticinco años. El incremento del desempleo es especialmente preocupante ante el actual escenario de deterioro en las finanzas familiares.

Pero el desempleo está golpeando con fuerza en otros muchos países: Gran Bretaña, Japón, etc. En Europa el desempleo ha crecido especialmente con fuerza en Irlanda y España. Las tasas de desempleo han sido más bajas en Europa que en América, pero eso puede deberse a que el mercado laboral europeo es más rígido y ello hace que se ajuste más lentamente a la caída de la demanda. Pero dado lo rápido que está cayendo la economía europea, pocos analistas dudan de que lo peor esté por venir. A finales de 2010, el desempleo en los países ricos podría estar por encima del 10 %. Respecto a los efectos que tendrá este deterioro del empleo, destacamos las previsiones del Banco Mundial, cuyas estimaciones apuntan a que 53 millones de personas caerán a finales de año por debajo del nivel de extrema pobreza.
La política dicta que los gobiernos deben intervenir enérgicamente para ayudar en esta situación, y el motivo principal es que el capital ha tomado enormes cuotas de beneficio en los últimos años, y pese a ello los gobiernos han tenido que dar astronómicas sumas para salvar a los bancos. Los políticos están ahora bajo presión cuando el desempleo aumenta. Pero las políticas mal diseñadas pueden ser también destructivas. Después de las recesiones de los 70 y principios de los 80, el rígido mercado laboral europeo dejó el desempleo alto durante décadas. La empresa sufre en recesión los costes de reducción de la plantilla, y esos costes en tiempos de apuros permanecen luego en la memoria durante años. Este es el motivo por el que la flexibilidad laboral facilita la recuperación del empleo en tiempos de crisis económica.
Los gobiernos están implementando medidas de ayuda a corto plazo para los trabajadores. En Estados Unidos, con una de las redes de seguridad social más bajas del mundo, se están extendiendo los beneficios del desempleo. En Japón, se está dando asistencia social a trabajadores no regulares. En general, sin embargo, tiene más sentido pagar a las empresas para que mantengan a los trabajadores en sus puestos de trabajo que subsidiar el desempleo. Pero todas estas medidas sensibles, son solamente posibles en un tiempo limitado. En el corto plazo, los gobiernos necesitan intentar sostener la demanda. Pero esta crisis es improbable que sea de duración corta. Incluso aunque la recesión acabase pronto (y pocos signos apuntan a ello), el estallido de las burbujas especulativas y el excesivo endeudamiento harán sombra a la economía durante muchos años. Los símbolos de la especulación, como el sector de la construcción en España o los hombres de negocios en Wall Steet, tendrán que cambiar de ocupación y buscar otras nuevas.

La difícil política de la recesión en U

Mucha gente que nos encontramos en empresas y fábricas tiene una visión de la crisis busca en el horizonte la salida de la recesión sin darse cuenta que el fin del túnel no lo veremos tan sólo por anhelarlo. Otros piensan que las cosas mejorarán simplemente porque han empeorado mucho y sólo puede ya esperarse que comiencen a mejorar de un momento a otro. Pero el estudio de los ciclos económicos nos demuestra que las cosas no suceden de esta forma. De hecho, si bien la llegada de una crisis suele coger de improviso, la salida de la misma es normalmente más previsible, pues tan solo llega la recuperación si se dan unas condiciones bien claras. Si no se consiguen estas condiciones propicias para salir de la crisis, un periodo de estancamiento de la economía puede prolongarse durante muchos años.

Toda esta teoría es bien sabida y conocida, pero muchas veces desde arriba se prefiere transmitir tan solo la información parcial que procede en cada momento. Los políticos saben que antes o después tendrán que aplicar la difícil política que permitirá convertir la recesión en una U, pero como todavía estamos cayendo y el desempleo está aumentando tampoco es muy prudente aplicar las medidas que se necesitan para salir de la crisis. La aplicación de estas medidas en este momento probablemente provocaría serios disturbios sociales que harían empeorar la situación.
Si bien en la mayoría de los países del mundo no existe apoyo social alguno al desempleado, lo cierto es que especialmente en Europa estas políticas son comunes. En la mayoría de los países desarrollados las políticas de subsidio al desempleado son lo habitual y útiles en épocas de bonanza. Mientras que las cosas van bien, es factible destinar unas pequeñas cantidades para conseguir que las personas que en cada momento se encuentren en situación de desempleo tengan sus necesidades básicas cubiertas.
Pero cuando miles de empresas están entrando en quiebra, y la mayoría de las que subsisten lo hacen a duras penas, la actividad empresarial se paraliza, y ello hace que sea prácticamente imposible salir de la crisis. En momentos como los actuales, todas las inversiones empresariales son arriesgadas, y ello hace que la recuperación del empleo sea muy difícil. Los trabajadores tendrán aún que hacer grandes sacrificios para conseguir que la actividad económica se reactive y en este sentido queremos decir que hasta ahora al menos en España los sindicatos han dado muestras de responsabilidad mucho más acertadas que sus actitudes en crisis pasadas. Si como parece previsible la situación sigue empeorando y el desempleo aumenta, la única forma de conseguir nuevas contrataciones será aboliendo privilegios de los trabajadores. Esto está ocurriendo actualmente, pero en el futuro es probable que los sacrificios tengan que ser mucho mayores.

Bibliografía:

  • Economic and financial indicators. The Economist March 14th 2009
  • The jobs crisis. The Economist March 14th 2009
Publicar un comentario