12 febrero 2010

Innovadores plásticos biodegradables desarrollados en México

En la ciudad de México está prohibido, de acuerdo a la Ley de Residuos Sólidos, que los establecimientos entreguen sus productos en bolsas de plástico ordinario, pues dicho material tarda cien años en degradarse. Debido a esa disposición, se cuenta con planes que dan oportunidad a las empresas fabricantes de plástico de renovar su tecnología y adaptar las nuevas instrucciones legales. Por ello, ante la necesidad de contar con materia prima para elaborar diversos plásticos biodegradables, investigadores mexicanos proponen elaborar una resina con ácido poliláctico como alternativa en la fabricación de objetos de plástico como bolsas, botellas, tenedores, cucharas o pañales. La idea es desarrollar un plástico biodegradable por medio de una resina de ácido poliláctico que se obtiene del maíz, tapioca, caña de azúcar y sorgo, explicaron los ingenieros Hazael Pinto Piña y Álvaro Carlos Rodríguez, del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey.

El material no es plástico convencional, sino una resina que tiene la propiedad de ser biodegradable, procedente de una fuente renovable de materia prima. “Lo primero que hacemos es obtener el acido láctico, que es la materia prima para elaborar el plástico, después buscamos purificarlo y finalmente el ácido puro lo polimerizamos y generamos la resina”, expusieron los investigadores. La investigación se realiza desde hace dos años en el Centro de Biotecnología del Tecnológico de Monterrey. La propuesta de inicio es producir sólo la materia prima, el ácido poliláctico, y a largo plazo iniciar con la fabricación de los productos plásticos. El mercado nacional para este material es amplio, pues en la actualidad este tipo de resina es importada al país y se adquiere a un precio elevado. “Nuestra intención es crear una resina ambientalmente responsable y al mismo tiempo responda a las necesidades de los productores y consumidores; es decir, que desde la materia prima se encuentre con precio competitivo y el producto llegue al consumidor final de manera accesible”, detalló Pinto Piña. Gracias a esta resina, una bolsa fabricada con dicho material se va a degradar en un periodo de tres a seis meses en condiciones de compostabilidad (de temperatura y humedad) en un basurero normal a cielo abierto. Y una botella para agua podría tardarse seis años en degradarse, y si se encuentra en anaquel (en un supermercado o tienda) tendría 10 años de vida. La investigación se encuentra en la fase de desarrollo a nivel de laboratorio y ha contado con apoyos del Tecnológico de Monterrey, a través del Centro de Biotecnología FEMSA-ITESM. El trabajo obtuvo el Premio Santander a la innovación hace un año, y en la actualidad cuenta con el apoyo del Programa InnovaPyme de Conacyt.
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