15 abril 2009

Por qué y cómo la agricultura resiste la crisis

En los años locos de las burbujas especulativas, montar un negocio parece algo sencillo. Basta con pedir un crédito, conseguir un espacio físico, ofrecer un producto o servicio, y todo parece funcionar. Realmente no es así, pero esa falsa percepción acaba impulsando la economía.
En época de crisis, todo parece ir mal, y la percepción que se respira es que todo acaba fracasando. Pero unos pocos están descubriendo actualmente que eso no es realmente así, y el motivo no es otro que en época de crisis intensa también se generan necesidades que es necesario cubrir. Y la diferencia respecto a las épocas de bonanza es que en época de crisis los impulsos por cubrir necesidades son mucho más intensos. Es por ello que las recesiones graves son la incubadora perfecta de los grandes éxitos empresariales de las épocas de bonanza que suceden a todas las crisis.
En este artículo vamos a hablar de la agricultura, un sector económico acostumbrado a sortear las crisis una y otra vez. Hablamos de la agricultura por la paradoja que está teniendo lugar, ya que en esta ocasión la agricultura y actividades asociadas parecen estar sorteando la crisis. El mundo de la agricultura se está comportando remarcablemente bien. Los precios del grano y la carne han caído respecto a los picos de mediados de 2008, pero están un 30-50 % por encima de los promedios de la última década. Esta resistencia a que los precios caigan hace pensar que en el caso de los alimentos la situación era distinta a la de tantas burbujas que se inflaron en la pasada década.
Los altos precios no son una bendición universal: La subida del precio de los alimentos es algo muy bueno para los granjeros, muchos de ellos pobres, pero es malo para los consumidores. Algo de este incremento se achaca al cambio de cultivos de alimentos a combustibles, que fue impulsado por unos subsidios salvajemente ineficientes. Pero los altos precios son también un signo de progreso ya que el principal motivo de la subida se debe al incremento de la demanda desde los países pobres, donde la gente se alimenta mejor – y especialmente consume más proteínas. Mucha gente come algo más de grano, mucha más carne, y mucha más leche.
El papel de China ha sido muy profundo, reflejando su enorme progreso económico y su gran población. El consumo de leche se ha multiplicado por siete en China en pocos años, y el de aceite de oliva por seis. China está consumiendo el doble de aceite vegetal, un 60 % más de pollo, un 30 % más de carne de vaca y un 25 % más de trigo. Pero muchos nichos de mercado están creciendo en China: Por ejemplo, la gente está bebiendo cuatro veces más vino, por ejemplo.
Pero el potencial de crecimiento del consumo chino de alimentos es aún muy grande. La población consume tan solo la tercera parte de leche que en países como Australia, Gran Bretaña y Norteamérica. El hueco es incluso más grande con la India, que también está creciendo con rapidez. En Europa y Norteamérica, es improbable que continúe la expansión, pero en los países en vías de desarrollo el incremento de la demanda puede aumentar aún un 5 %. Una vez que la gente se acostumbra a comer más proteínas, no lo sacarán de su dieta.
La expansión del suministro al mismo nivel será más difícil, puesto que el incremento en los cultivos está creciendo a un ritmo mucho más pequeño. En China e India, muchas de las áreas más fértiles están siendo desarrolladas para construir infraestructuras y fábricas, por lo que se pierden cultivos.
Las consecuencias de un extremo a otro en la cadena de alimentos, serán previsiblemente aumentos en los precios de los alimentos. BASF, por ejemplo, uno de los mayores productores del mundo de agroquímicos, tiene unas previsiones de crecimiento para este año del 16 %. Los mercados de mayor crecimiento son los asiáticos.

Bibliografía: Green shoots. The Economist March 21st 2009

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