22 abril 2009

El negocio de las infraestructuras ferroviarias en Estados Unidos

Estados Unidos es el mercado más codiciado para cualquier país con aspiraciones de internacionalización, y flujos enormes de mercancías llegan a diario a los puertos norteamericanos desde Japón, China, Iberoamérica…¿España? Lo cierto es que las empresas españolas están consiguiendo paulatinamente entrar en la gran América y nuestras empresas están consiguiendo colocar allí nada menos que el 24% de todas las ventas realizadas al exterior.
Pero desde la llegada de Obama a la casa blanca, los españoles que desean exportar han levantado aún más la oreja. El nuevo mandatario norteamericano va a impulsar la construcción de infraestructuras públicas como nunca se ha hecho hasta ahora (ver "El Plan Obama: ¿Una carretera hacia el infierno?), y en ese es uno de los pocos campos en los que España es una potencia mundial.
En Estados Unidos se habla ahora de un nuevo concepto de transporte, "High-speed rail", una filosofía en la que España inició sus andanzas hace casi dos décadas. El Plan Obama contiene nada menos que 9.300 millones, que si no se cometen muchos excesos puede dar para bastantes millas de tren de alta velocidad.
Eso de que en Francia, Japón, España y Alemania se circule a 217 millas por hora desde hace años, parece haber despertado la imaginación de los asesores de Obama. Lo cierto es que el A.V.E. parece estar perfectamente bien adaptado a los trayectos de largo recorrido como son frecuentes por allí. Estados Unidos dispone realmente de un corredor de ferrocarril a alta velocidad entre Washington y Boston, pero el registro promedio de velocidad son unas escasas 80 millas por hora.
Los entusiastas del tren de alta velocidad ven una forma de descongestionar otros medios de transporte y conseguir más agilidad en el flujo de mercancías y viajeros.
El amor de los norteamericanos a sus coches y a las interestatales hizo que en el siglo XX la alta velocidad ferroviaria ni siquiera se considerase. El frenesí del Jet hizo al ferrocarril aún menos atractivo, y tampoco ayudó la población diseminada y los subsidios al transporte.
Pero lo que está claro es que si bien hay dinero disponible, es necesario ser cautelosos porque los costes de estas obras pueden exceder con creces a lo previsto. California va a la cabeza en estas iniciativas y ya tiene finalizado su plan para conectar por A.V.E. (a 200 mph) sus ciudades más grandes. El pasado mes de noviembre, los californianos aprobaron invertir 9.950 millones de dólares en el proyecto, y tienen la esperanza de conseguir otros 12.000 millones de Washington.
Pero la mayoría de las iniciativas impulsadas en el país están a dirigidas a la construcción de líneas de ferrocarril más rápidas, pero alejadas de los estándares europeos. Por ejemplo, una línea entre Chicago y San Luis, se espera se acelere de las 79 mph a 110 mph.
Pero la verdad es que a estas alturas de desarrollo del sistema de transportes norteamericano, no es fácil implementar una red de alta velocidad al estilo europeo, el problema surge por las muchas infraestructuras que deben cruzarse y que hacen que el tren no pueda alcanzar la velocidad europea.

Bibliografía: Slower than a speeding bullet. The Economist April 11th 2009

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