02 mayo 2009

Seguimos hablando de alimentos, pero esta vez vamos a la región andina

Hace unos días que hemos retomado el análisis del sector agrícola y los efectos que sobre el mismo está teniendo la crisis económica (ver “Por qué y cómo la agricultura resiste a la crisis”, “Tendencias en los precios de los alimentos durante la crisis financiera”). Desde que estallaron las burbujas de precios el pasado verano teníamos abandonado a este sector, nos referimos especialmente a la industria transformadora que es la que nos interesa. En esta ocasión volvemos a Iberoamérica y vamos a analizar un informe, “Taxonomy of causes, impacts and policy responces to the food Price crisis in the andean región” que acaba de liberar “Inter-American Development Bank”. Y a la vez trataremos de dar nuestra opinión sobre algunos conceptos de desarrollo agrícola local que entendemos vitales. Como ya hemos dicho otras veces, este es un blog de negocios, y bajo esa perspectiva se escriben los artículos. Eso no quiere decir que seamos insensibles, más bien al contrario, ante los problemas medioambientales o sociales que sufren millones de personas en el mundo. Decimos esto porque este artículo lo vamos a basar en las oportunidades de negocio que vienen surgiendo en el mundo, especialmente en Iberoamérica, Asia y África, como consecuencia de la demanda mundial de alimentos. Y es que lo que está claro es que si bien en periodos de crisis intensa cambian los hábitos y se reduce el consumo, los alimentos se siguen obviamente consumiendo como siempre. El incremento de la población mundial que no cesa, y los cambios en los hábitos alimenticios como consecuencia del boom de las economías emergentes, ha provocado un incremento en la demanda de numerosos productos. Pero entrando en materia, es importante empezar diciendo que la crisis de los alimentos (ver “No olvidemos la crisis de los alimentos”) sigue plenamente vigente. Recientes estimaciones de la FAO indican que hay un pico de 850 millones de personas que están sufriendo hambre y cuyas expectativas de superar esta situación han retrocedido. Adicionalmente, hay muchos más hogares que pueden incorporarse a esta situación como consecuencia de que los precios siguen siendo altos. Para paliar esta situación, las naciones ricas incrementaron sus aportaciones internacionales hasta un montante global de 18.000 millones de dólares USA, que no obstante queda por debajo de las necesidades estimadas en 30.000 millones. En este artículo vamos a centrarnos en la región andina (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela), y analizaremos qué está ocurriendo con los alimentos en esa región y cuáles son las previsiones de futuro. Entre los países andinos, Bolivia tiene una inflación que ha pasado del 6,8 % en 2006 al 19,8 % en 2007. Venezuela tiene también una inflación de dos dígitos y sufre fuertes presiones inflacionarias en los alimentos. En Perú la inflación de los alimentos ha pasado del 1, % al 6 %, pero este dato aún es bajo. Las consecuencia de estos incrementos en los precios son sustanciales en la región andina, pero no hay impacto general. Parte de esta explicación es que representa diferente pesos en cada cesta básica nacional. Es los países en los que la comida tiene un mayor peso en la cesta básica – Bolivia y Perú – en los que la inflación se incrementó más rápidamente. Respecto a las repercusiones del precio de los alimentos en las economías andinas, hay varios factores influyendo. En particular, los países importadores de comida se verán afectados negativamente a la vez que los exportadores se beneficiarán. Sin embargo, la magnitud del impacto depende de si la comida tiene o no un impacto favorables en términos de comercio internacional. En ese sentido, los países andinos han experimentado un creciente incremento en el comercio como exportadores netos de petróleo, metales y minerales. Cuatro países andinos registran excedentes en su balance comercial de alimentos. En Ecuador la comida representa el 27 % de las exportaciones totales pero sólo el 7 % de las importaciones. Esto sugiere, por ejemplo, que Ecuador se beneficia del precio de los alimentos. En el otro extremo (increíblemente), Venezuela es un importador de alimentos. El resultado neto es más incierto en Bolivia, Colombia y Perú. Este razonamiento es válido a escala macroeconómica, pero a escala de economía real tiene mucha incidencia en el número de personas que caen más allá del umbral de la pobreza. Si se incrementan los precios de los seis alimentos básicos de la región (trigo, maíz, arroz, soja, azúcar y vaca), la pobreza se incrementa en el mismo porcentaje. No sorprendentemente, el impacto simulado más significativo de la incidencia de la pobreza tiene lugar donde los precios de la comida se incrementan más y el consumo de alimentos representa un alto porcentaje del gasto familiar. Esto ocurre especialmente en el caso de Bolivia. Previsiones de inversiones en la región La crisis de los alimentos, algo aliviada ahora por la crisis global que ha hecho caer los precios, llevó a que los gobiernos, donantes y la sociedad en general se diesen cuenta de lo importante que es invertir en agricultura, y es previsible en consecuencia un desarrollo de los sectores agrícolas locales. La política más acertada pasa sobre todo por proporcionar asistencia a los productores a pequeña escala de forma que se incremente la productividad. Esta es la clave de un desarrollo sostenible para la región y la que pensamos debe marcar las políticas del futuro. Son muchos los argumentos, y en otros artículos hablaremos de ello, pero en último término de lo que se trata no es de incrementar las áreas cultivables, con el problema medioambiental que ello conlleva, sino que la estrategia más exitosa debe pasar por conseguir algo muy sencillo: que los que ya están produciendo consigan hacerlo en condiciones dignas y aumentando la productividad. Hay un cierto consenso entre los organismos internacionales para tratar de avanzar también en las restricciones y barreras que impiden la exportación (ver “Sobre las sutiles fórmulas que usan los países ricos para protegerse de los países pobres”). Los europeos que hemos tenido la oportunidad de conocer las “tripas” de los sistemas productivos de los países pobres no podemos menos que discrepar con el oficialismo que en el norte se transmite sobre los países pobres y sus estructuras de producción. La subvencionadas Europa/América que echan las culpas de la inmigración a lo que denominan “mafias” probablemente se sorprendiesen de lo que realmente ocurre: Sistemas productivos feudales impuestos desde el norte bloquean las opciones de progreso. No es que las “mafias” estén explotando a los niños como muchos ignorantes dicen por aquí, sino que simplemente o trabaja toda la familia o no se come. Pero no es momento de entrar ahora en estos detalles, ya hablaremos de ello.
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